martes, 11 de marzo de 2008

Hasta la madre de rock

En este libro viene uno de los primeros cuentos que encontré cuya temática giraba en torno al rock, hace ya bastantes años... jajaja bueno, no tantos. Me gusta mucho y siempre que lo leo me lo imagino con una tonada de fondo que yo misma inventé. El autor se llama Juan Martín Cárdenas y es un potosino que en la actualidad da clases en la UASLP.

El libro es de la editorial Ponciano Arriaga, y el tiraje fue de sólo 500 ejemplares, así que si les gusta el fragmento que les pongo, no lo duden y bájense el cuento completo, está chingón.


* * *
El día que nos vimos de nuevo llevé mis audífonos, para no perder la sincronía con la música que me acompañó durante la espera. Sentir el agobio del pulso acelerado y el humo de los vehículos, mientras miro por la ventanilla del ruta 100 cómo circulan los fantasmas citadinos; el saber que nos veríamos más o menos por aquí sin precisar el lugar, y en un momento parado en una esquina ver cómo se aproxima ese mar profundo de tus ojos, añil más intenso en esa tarde cuando abordamos otro autobús que nos llevaría a una fiesta. Viajar por la calzada de los misterios, como el de tus ojos, tu rostro, tu nombre, tu todo. Sólo te conozco a través de los estallidos rockeros que compartimos las otras ocasiones, y que me confirman tu presencia en las tardes solitarias. Bajamos en el mercado de la villa en donde la gente observa tu silueta descontextuada, contrastante, el color de tu vestido estrecho, tus piernas abriéndose paso entre las miradas curiosas y sorprendidas. Te sigo sin cuestionarlo mientras comemos gorditas secas de maíz como mazapanes, cuando el ruido en el altavoz del vendedor de perlas de hígado de tiburón que sirven para todo, ahoga el deseo por escuchar algo más musical y mirar más adentro de tu mirada azul, en donde se reflejan compases deshilados, percusión-bajos percusión-bajos percusión-bajos y el temblor de mis manos cuando te acercas y tu voz apenas me responde. Después de caminar media hora por calles grises como esta tarde, con las casas tan parecidas que juntan basura en sus banquetas, llegamos a donde te invitaron; ver por fin el interior de una de ellas, de gran patio y habitaciones del lado izquierdo, con los techos de láminas como en toda la colonia. El polvo del piso que vuela en los bailes frenéticos, los vidrios que tiemblan cuando golpea la batería el greñudo de los lentes oscuros, los otros con guitarras, bajos, teclados. Y el humo que circula con los cigarros que nos prenden. Luces de colores mezclándose con el aire de la noche, te persigo entre la masa de jóvenes a veces que te alejas, busco tu sensualidad que decapita mi cordura y el recuerdo del pasado diluido en unos tragos de vino tinto. En un rincón las latas de cerveza que todos tiran, frente a un muro estampado con una cruz negra. Al comunicarte que me retiro de todo y de todos te me pierdes entre la fiesta. Me encuentro de nuevo contigo ofreciéndome la copa de tinto, por cuyos bordes escurre la sangre que ha brotado de tu muñeca, herida con una tapa de lata de cerveza. Tus labios impregnados de ella, las marcas que dejaste en algunos botes de tecate, como fósiles de besos eróticos, en espera de encontrarlos para consumar lo que deseamos, lo que deseo, emerja de estas tumbas de mi pasado. Tu copa de tinto más rojo, el desafío de tomarlo y tomarte, fusionarnos entre el estallido del rock que envuelve la noche y contaminarnos de todo lo letal y lo placentero.

Reconocimiento!


Ayer en la noche, me enteré que este blog recibió un reconocimiento... ¡jiji muchas gracias, Yareli! Ahora, y según las reglas

1-Debe ser otorgado a los que consideres buenos blogs y que acostumbres visitar.
2- Cuando se reciba el premio se debe escribir un post, indicando quien fue la persona que le dio el premio y su respectivo link.
3- Una etiqueta al premio.
4- Indicar los 7 blogs que recibirán el premio.
5- Exhibir la etiqueta del premio, preferentemente con el link donde se habla de él.

ahora me toca a mí escoger a otros siete blogs para que reciban el reconocimiento, y aún más allá de eso, me agrada pensar en esto como una dinámica que puede contribuír a que mis amigos se conozcan y crezca el intercambio de material e ideas, así que bueno, mis elegidos son:

HARDCORE TRASCENDENTAL, que es el blog de Piyama Party, la banda que suena de fondo. Se oyen de lujo ¿verdad? Acaban de sacar su disco y en su página está disponible para quien quiera bajarlo.

LAS LINEAS DE MI MENTE de Analines, es un blog donde narra sus sueños extraños (lisérgicos, diría yo), las cosas que hace de forma cotidiana, sube sus dibujos y reseña películas. Se trata de un blog íntimo y nutritivo, todo un viaje.

EL TIEMPO GANADO de Francisco Machuca. Es otro espacio dedicado a los libros, el cine, la reflexión y la buena música. Los textos de Francisco siempre son lúcidos y sus recomendaciones buenísimas.

YOU ARE A GHOST es el lugar para leer sobre música, con información y reseñas de bandas clásicas de rock y también bandas menos conocidas que no hay que perderse. Les aseguro que no van a encontrar otro blog igual.

SAID HABLA aquí, básicamente de su vida. Viajes, anécdodas, secretos, reflexiones y lo que se les ocurra, todo con el estilo inconfundible de Said.

ALUNIZAJE es un blog con buenísimas recomendaciones musicales y textos originales muy chidos, poemas, fotografías y una rockola a todo dar.

EL MUNDO FELIZ DE ALERNABOY que mes a mes nos entretiene con las aventuras y diarreas mentales de mi compa Tito. Un blog para leer mucho y disfrutar aún más.


miércoles, 20 de febrero de 2008

Miedo a los perros

Este es un libro que me gustó mucho desde la portada hasta el índice, y no es exageración. Fue escrito y hermosamente diseñado por Israel Miranda Salas, y aunque ya hace tiempo subí algo de él, aquí está otra probadita y si les agrada, bájense el libro completo en la página del movimiento infrarrealista de poesía, en su sección de recién agregados.

* * *

V. [Miedo a los perros]

La luna tiembla

y los perros le ladran

a los fantasmas que alguna vez seremos.

Hoy decidí suspender aquella tarea

(la de escribir diez mil veces que la amo).

Nunca lo entendió.

Tampoco me preocupé demasiado por hacérselo ver.

Tal vez por eso se marchaba a cada rato.

Y tenía una interminable lista de miedos:

a su padre y su mirada lasciva,

a los chantajes de su madre,

a que la manosearan en el metro,

a que la asaltaran en el pesero,

a ponerse demasiado ebria,

a abordar un taxi sola,

a que la engañara,

a engordar,

a quedarse sin dinero,

al monstruo de debajo

de la cama (no, ese es mío),

a un ex novio que la acosaba,

y principalmente

a los perros.

Lo gracioso del asunto es que la mayoría de sus temores eran

justificados. Pero alguien la convenció

(y en verdad que no fui yo, salvo con ese del engaño)

de que sus angustias eran psicológicas.

Empezó a combatirlas con terapia (dos horas a la semana, a $250°° la hora) pero no fue suficiente. Así que entró a un grupo de autoayuda (cuatro horas a la semana, gratis) y no fue suficiente.

Se inscribió a docenas de retiros espirituales, a todo tipo de clubs de superación personal, optimismo, doble A, Yin y Yan, y en fin, hasta uno de recetas macrobióticas. No fue suficiente.

Quise ayudarla con algunos de sus miedos, así que empecé con el acosador. Lo encontramos un viernes por la noche en el Dos Naciones. Le estrellé una cerveza en el cráneo y no volvimos a saber de él.

Eso fue fácil.

Después seguí con los perros. Así que compré uno, un rodwailer, se llamaba Bruce Willis. Era perezoso y gordo; era como un hijo para nosotros. Eso le ayudó mucho.

Un día íbamos rumbo a casa, y antes de tomar la desviación habitual (pues en esa calle había un perro enorme y espantoso) me tomó de la mano y comenzó a caminar con decisión. -No puedo temerles toda la vida- dijo. Me pareció buena idea.

Cundo pasamos frente a ese maldito perro, el muy desgraciado se levantó. Nos miraba fijamente. Dimos un paso y se inclinó hacia enfrente. Dimos otro paso (más pequeño) y gruñó y nos enseñó los colmillos (eran enormes). Otro pasito y el infeliz ladró (¡era un león ese pinche perro!). Ella echó a correr. Mala idea.

Corrí también y el perro se abalanzó sobre nosotros. Corríamos y gritábamos y el perro ladraba y gruñía tras nosotros. Ella tropezó. La maldita bestia empezó a tironearle el pantalón. Ella gritaba. Encontré una piedra de buen tamaño y se la arrojé con todas mis fuerzas. Le di justo detrás de la oreja. La bestia cayó fulminada. Ya en el suelo comenzó a convulsionarse y a vomitar. Se arrancó la lengua.

Ella se levantó. Lloraba. –Vámonos- me dijo.

El perro dejó inservible su pantalón y la caída le destrozó la rodilla izquierda. Necesitó veintisiete puntadas y (obviamente) más terapia. Ahora tiene una horrible cicatriz y ambos tenemos miedo a los perros.

Tuvimos que deshacernos de Bruce Willis.

viernes, 15 de febrero de 2008

Una fábula pánica de Jodorowsky

Hola a aquellos que después de mi prolongada ausencia aún me visitan... jajaja! bueno, como ya varios habrán notado, este blog no se caracteriza por actualizar seguido, pero reconozco que este último lapso entre post y post ha sido demasiado largo y por ello me disculpo. Trataré de que no vuelva a ocurrir y reitero que el anuncio de subir En la ruta de la Onda, de Parménides García Saldaña, va totalmente en serio. Ya ni se los cuento, mejor lo hago.

Pero mientras tanto, les dejo la fábula pánica no. 74 de Alejandro Jodorowsky, que corresponde al 3 de noviembre de 1968. Esta en particular, me gusta mucho porque trata sobre el poder de las palabras sin utilizar ninguna. Si la quieren descargar completa y en su tamaño original, hagan click acá.


(El que habla no sabe y el que sabe no habla. Zen.)

viernes, 18 de enero de 2008

El hereje rebelde

Quizá recuerden a Oscar de la Borbolla porque entre otras cosas, es uno de los conductores de La dichosa palabra. Pero lo que aquí nos ocupa es que este hombre además de hablar muy bien, escribe, y además gusta de experimentar y jugar con el lenguaje!!

De él ya habíamos publicado aquí otro cuento, que en su momento me sorprendió bastante pues se trata de un ejercicio prodigioso en el que el autor nos cuenta una historia perfectamente coherente utilizando palabras que sólo tienen la vocal O. Ya sólo eso era suficiente para que yo me declarara admiradora de este escritor, así que imagínense mi sorpresa cuando hurgando en un puesto de libros usados, me encontré este librito donde junto con otros dos buenos textos ("Dios en la tierra" de José Revueltas y "La dimensión de un hombre" de Cristina Pacheco) viene EL HEREJE REBELDE, un cuento que únicamente utiliza palabras con E!! Esto me dejó poco menos que perpleja, así que investigué y me enteré de que los dos textos se desprenden de un libro llamado Las vocales malditas, y para nuestra buena fortuna, se encuentra disponible en la red.

Los cuentos, además de estar escritos con bastante gracia, tienen un mensaje profundamente humanista y subversivo, ¡se los recomiendo con fervor!


EL HEREJE REBELDE

En el verde césped del edén, célebre sede de creyentes, el decente Efrén se estremece. Tres deberes del mes lee en el templete del regente: “Defender el vergel del Hereje Rebelde, tener fe en el celeste Jefe de tez perenne, ser excelente”. El membrete del Jefe es esplendente, se ve de kermesse. Esther se embellece enfrente de Efrén, es de temple terrestre, cree levemente en el deber, el degenere en vez de repelerle le vence. Se ven brevemente, temen se decrete el envejecer, se envenene el éter, se cercene gente, se eleve el jerez.

Desde el estrés del Jefe el edén decrece, el excedente le pertenece, se ejercen leyes dementes, se debe beber detergente en vez de leche, ser pelele, ser pedestre, ser deferente; es menester entretenerse en tejer redes, en prender rebeldes. En el este, trece rehenes perecen de sed; en el frente fenecen de herpes, de peste. El edén ennegrece, se pretende reprender herejes, perderles.

-¡Eh, Esther, ven!, relee el deber. El jefe se excede.

-¿Prevees el tren del semestre?...

Me enteré del brete de gente decente en el este: nenes, bebés perecen. El clemente es el Hereje Rebelde: desprende el ente del crecer, mete el entender, cede excelentes mercedes. El Rebelde merece el belvedere…

-Esther, eres efervescente. Ten en mente el menester del Jefe, es rete vehemente, de repente crece, reverdece, expele seres…

-Ese vejete me prende. Es jefe, regente, gerente. Perennemente deberes: “llévenme el neceser”, “llénenme de peces”, “repten”, “trepen”, “dejen de verme”, “récenme preces”, “enderécense”, “respétenme”, “festéjenme”, “perseveren”, “refrénense”, “esperen”, “vegeten”, “déjense”. Se cree el Ser, el Tres Reyes; es el jején del edén.

-¡Esther! ¡Detente! ¿Pretendes descreer de Él?

-¡Efrén, temerle es endeblez! ¡El presente debe ser del Rebelde! Él es terrestre, es el envés del Jefe. De él es ese “dejen de depender”, ese “mézclense”, ese “bésense”, ese “deséense”. El entender debe extenderse.

-¡Esther, se te mete el Rebelde!

-¡Emerge Efrén!, eres decente. Despréndete de ese pelele, es memez de bebel. Ve de frente, mereces se te respete, se te deje beber, expeler semen, tenderte en el césped. Mereces se te revele el ser del éter celeste, se te eleve, se te deje emprender. El emprender es el eje del entender…

-Efrén se mece: es el deber del Jefe enfrente del descreer rebelde; teme le desherede, le eche del edén, le fleten de res, le llenen de herretes; Esther le embebe, se mete en él, le vence: “Tenerme en el césped… tenerme trece veces… excederte… es… es… excelente Efrén”.

De repente el éter emerge del celeste Jefe: “¡Ejem! ¡Dejen de entenebrecerme, seres febles! ¡Vermes! Refléjenme, venérenme, échense, desesperen. Les generé de heces en el retrete del desdén, les presté el verde edén. Les exenté de fenecer. Les estrellé el éter. Les enderecé el pesebre. Les enseñé el deber… ¡Me entenebrecen, seres herejes, les perderé! ¡Recelen! Efrén, desde este mes debes merecer el jerez. Te meteré vehemente sed. Este deber te merme, te reste, te cercene… Esther, eres gente terrestre, plebe de rebelde, te he de vencer. Desde el belem, Efrén te despeche, te cele, te frene…”

El Jefe les expele, les mete reveses dementes, el eje del edén cede, el templete se estremece, el verde se desprende, se ennegrece el vergel. Se les ve perder el esplendente ser: Esther envejece, Efrén precede. El brete es de meses, de repente entrevé en el celere presente encenderse el éter: es el Rebelde.

-¡Esther, Efrén, espérenme!... Serénense, desenrédense de ese temple, peleen. Es menester se despejen; perder el edén es el destete. El Jefe es endeble. Dejen de temerle, es celeste, depende del creer, del tenerle fe… ¿Preñez?, ¡éjele!, entérense: se prevee… ¿Merecer el jerez?, ¡éjele!, Se emprende… de este enser emerge excelente jerez… Estrenen el entender rebelde, creen enseres. Eleven este terrestre edén, céntrense en él. Es breve este entremés, embelésense, deséense, desde este mes se pertenecen, les pertenece el excedente, llénense, bésense, rebélense. ¡Es menester vencer!

miércoles, 9 de enero de 2008

Corrientes de lo alterno, vol.1

Corrientes de lo alterno es una deliciosa colección de ensayos sobre música cuyos temas van del trash al acid jazz, pasando por el rock chicano, el grunge, Frank Zappa y la música minimal. Los ensayos aparecieron originalmente en la revista Corriente alterna, y luego fueron compilados por Sergio Monsalvo para la Editorial Ponciano Arriaga de San Luis Potosí, que los editó en dos volúmenes.

Además de abordar la historia de los géneros y dar buenas referencias de discos quehayqueescuchar, este libro trae una amplia colección de anécdotas del rock, e información sobre ciertos temas que están estrechamente relacionados con él, como el sadomasoquismo, el cyberpunk o el (des)uso del vinil.

Este tema llamó mi atención porque soy fan de los acetatos, tengo algunos que atesoro y por supuesto que escucho (también me hice ya de algunas agujas porque quien sabe hasta cuando siga siendo posible encontrarlas). Los textos en torno a este friki pero rockerísimo vicio que es el vinil son muy buenos y aquí se los dejo todos por si tienen ganas de leerlos:
  • El acetato, últimos estertores (David Cortés)
  • ¡Ay, mis discos! (Hugo García Michel)
  • Los negritos, o cuando el monoaural cumplía funciones monoptéricas (Héctor León Diez)
  • Los últimos románticos del vinil (José Xavier Návar)
  • Un anacronismo delicioso (Xavier Quirarte)
  • Aquellos ojos negros (Carlos Rubio Rosell)
  • El long play, una forma de arte perdida para siempre (Jorge R. Soto)
  • Confesiones de un traidor (Xavier Velasco)
  • Un aura que devuelve la mirada (Sergio Monsalvo C.)
  • Semblanza a 33 R.P.M. (Sergio Monsalvo C.)


* * *

EL ACETATO, ÚLTIMOS ESTERTORES

David Cortés


Hace unos meses, el colectivo de músicos y, al mismo tiempo, sello independiente Quiet Artworks puso en circulación Akasa/Für Cleo y No Is E Monocle, dos álbumes en los cuales lo sorprendente es la cantidad de ideas puestas en juego y el formato que las contiene. Sin proclamar la nostalgia, la naciente compañía ha lanzado este par de discos en un material digno de anticuarios: el vinil.

Un acto osado al final del milenio. ¿Quién, en los tiempos modernos se atreve a grabar en vinil? La conversión de la industria fue veloz, convirtió al acetato en un objeto prehistórico, pero cada vez que un nuevo compacto aparece y deja de lado a un vinil en el camino, quien esto escribe recuerda las ocasiones en las cuales solía hacerse de sus primeros discos.

La convivencia con un trozo de acetato que guarda música en cada uno de sus surcos ha sido una de las más gratas. Esas piezas, para algunos un trozo sin significado ni valor alguno –emocional o económico-, son los objetos de una relación fructífera. Fieles, los discos esperaban su turno para ser tocados, sabedores de que no importaba el tiempo en el cual permanecían silenciosos, tarde o temprano se regresaba a ellos para extraer sus secretos.

La emoción empezaba con la selección. Ir a la tienda mejor surtida –en ese entonces ninguna superaba a Hit 70- y hurgar entre las interminables cajas. Tal vez uno tuviera en mente un disco en particular, pero siempre sucedía algo curioso. Uno se detenía para ver las portadas y las examinaba con sumo cuidado, incluso aquellas cuya música no era del interés personal. El arte gráfico de entonces era más gratificante, sin duda alguna, y cuando uno emergía de la tienda con un par de discos la rabia era incontenible. Adentro quedaba un universo entero por descubrir, y el par de acetatos bajo el brazo únicamente mitigarían el hambre momentáneamente.

Comenzaba entonces una suerte de ritual. Subir al metro o al camión, esperar que alguien desocupara el asiento y entonces abismarse en la contemplación de las portadas; leer, cuando los brincoteos del automotor lo permitían, la información de la compra, reconocer nombres, extrañarse ante aquellos desconocidos e, incapaz de contener el ansia, abrir el celofán para revisar el interior. Las letras, generalmente impresas en la funda interior, eran la lectura obligada en el trayecto a casa.

No hay nada más hermoso que la límpida superficie de un acetato recién abierto. Su característico olor penetraba el olfato y al descender la aguja sobre el surco, sin producir ruido alguno, se tendía un manto en el que era imposible no dejarse llevar. Todas las devociones de mi melomanía nacieron de este contubernio: Bowie, Stones, Eagles, el rock progresivo, Gabriel. Ellos se encargaron de marcarme muy temprano y extendieron la capacidad de mis sentidos no sólo con su música; también eligieron la imagen de las portadas como sus ayudantes en esa iniciación. No había goce más excitante que toparse con una portada de funda doble y seguir a través de ella una historia delirante (Gong o Genesis, por ejemplo).

Hoy el acetato es un objeto en desuso, el patito feo de una industria, incluso el cassette lo ha logrado vencer; pero los compactos, tal vez por su excesiva pulcritud y por aceptar un manejo tosco, no merecen el mismo respeto de sus antecesores. De alguna manera los CDs han degradado el amor por la música. Han elevado su fidelidad, alargado el contenido y eliminado el molesto scratch, pero también esa relación de extremos cuidados se ha roto.

Por eso, ahora que la compañía Quiet Artworks ha editado este par de acetatos no deja de sorprenderme. Han optado por la contracorriente, a la espera de que su ejemplo se mantenga como una muestra de la devoción a un arte por el arte mismo, y no como un ente mercantil con la posibilidad de acceder a un mercado masivo, pero desgraciadamente los tiempos son poco favorables y hoy el acetato, ése que tantas alegrías y decepciones procurara en el pasado, termina por dar sus últimos estertores de vida.


Corrientes de lo Alterno Vol.1
Sergio Monsalvo (compilador)
Ed. Ponciano Arriaga
San Luis Potosí, 1998

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Semana Santa


Bueno, ya sé que la que se acerca es una semana navideña y no una semana santa, pero estoy segura de que habrá tantos buenos posts de navidad, que no se extrañará que por acá no hagamos referencia a esas fechas, hoy tengo ganas de dejarles un cuento de Víctor Roura.


Este pequeño libro llegó a mis manos casi por casualidad, recuerdo que me llamó la atención por ser de las ediciones del Gallito, y que lo leí vorazmente porque me conquistaron sus cuentos llenos de situaciones altamente absurdas y graciosas. Las palabras en negritas las puse yo sólo por diversión. Si les gusta sólo díganlo y subo el libro completo.

* * *

SEMANA SANTA

Cuando agarré el remo para empezar a deslizarnos por el lago de Chapultepec y sin querer le pegué en la nuca, supe que mi semana no iba a ser tan santa.

- ¿Te descalabré? –le pregunté, acercándome a ella.

No contestó, pero la sangre comenzaba a fluir de manera violenta.

Ya que aún estábamos cerca del embarcadero, la gente empezó a arremolinarse.

-El joven la quiso matar –dijo una señora, enfadada.

Un hombre, malencarado, nos gritó:

-¡Acérquense, déjeme ver a la paciente!

Era un doctor, seguramente.

Quise remar, pero no pude. Lo único que logré fue darle al bote cinco vueltas en el mismo círculo.

-¿No sabes… remar? –preguntó ella, sollozando quedito.

Negué con la cabeza.

-Me hubieras dicho –dijo.

Al querer controlar el bote, le di a ella en el brazo con el otro remo.

-Perdón –exclamé, a punto de sacarme de quicio.

La gente se reía de mis torpes maniobras.

-¡Deje de hacer payasadas, la muchacha se desangra! –gritó, de nuevo, el tipo que seguramente era doctor.

Ella lloraba como para sí.

-¡Si quiere dar vuelta a la izquierda, clave su remo de la izquierda en el agua y con suavidad gire el de la derecha haciendo ruedas diminutas! –gritó un mozuelo.

Clavé, entonces, mi remo izquierdo en el agua sucia pero no tocó fondo y se hundió, se me fue de las manos, perdí el control. Ella se llevó las dos manos a su rostro. Su llanto aumentaba. La sangre goteaba de su cabeza. El sol ardía. Poco a poco nos alejábamos del embarcadero. Empecé a sudar.

-No te desesperes, alguien vendrá a recatarnos –le dije.

Me miró con odio.

-Más de una hora formados en la fila para alquilar un bote –dijo, de pronto, quebrada por el llanto.

Me dolió su tono de voz.

-Algo positivo saldrá –dije, apenas.

Y con redoblado ánimo le di con fuerza al remo para intentar conducir con tino el bote. Empero, sólo conseguí que nos empapáramos de manera infame.

-¡Mi vestido! –gritó ella, al sentir que el agua se le venía encima.

Yo aguanté con estoicismo la mojada.

Pasó un bote cerca de nosotros. Iba una pareja. El tipo remaba con sabiduría. Al ver que ella sollozaba inconteniblemente, el tipo me guiñó el ojo.

-¡La has vencido, macho! –dijo, al pasar.

Su acompañante, una niña casi, rió y se alejaron besándose de modo brutal.

Ella levantó la mirada. Me vio con desgano.

-Haz algo, por favor –dijo, vencida la voz.

Asentí.

Y de nuevo le di duro a la remada, inútilmente.

Cuando le pegué sin querer en su cintura, gritó desesperada:

-¡Auxilio!

Nervioso, solté el remo. Intenté ir a su lado.

-¡Ni te me acerques! –sentenció.

-Pero…

-Un golpe más y te juro que no sé qué hago…

Y se puso a llorar con una fuerza inusitada. Otro bote pasó a nuestro lado. Un señor, al verla llorosa, mojadísima, sangrante, me dijo, movido quizá por su morbo:

-¿Están filmando una nueva telenovela?

Dije que sí. Y siguió su camino, feliz, buscando a los lados las cámaras escondidas.

El sol caía con vigor.

-¿De veras no vas a hacer nada? –preguntó ella.

¡Qué podía hacer, Dios mío!

-Me hubiera ido con mis amigos a Pahuatlán –dijo, retadora.

Alcé los hombros.

-Alguien me advirtió que no saliera nunca contigo –dijo, envalentonada.

“Ese alguien no me conoce bien”, pensé.

-Soy capaz de ganar la orilla a nado –dijo.

Al ver mi gesto de fastidio, se puso de pie y se tiró, de un fino clavado, al agua. Se fue nadando hasta el embarcadero. Ahí fue socorrida prontamente por algunas personas. Vi cómo una señora le daba una toalla y vi también cómo se la llevaron quién sabe hacia qué sitios.

Yo me estuve ahí todavía como una hora más, sin hacer nada, quemándome en el sol, hasta que fui rescatado por unos jóvenes punks quienes, con gentileza, me llevaron hasta el embarcadero, donde pagué el tiempo extra del bote que se había quedado, solo, en medio del sucio lago.

-Hubiera nadado, joven, como su novia –dijo, con sarcasmo, un señor formado en la interminable cola.

“Si supiera”, pensé.

Ella podría darme unas clasecitas de natación, por cierto.

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viernes, 7 de diciembre de 2007

El rey criollo

Respondiendo a la solicitud de nutrocker, por acá les dejo otro libro de Parménides García Saldaña. Estos cuentos además de estar llenos de anécdotas y cosas de la vida diaria de un adolescente cuyas principales preocupaciones son el sexo (o su ausencia) y el rock, también ofrecen un retrato de la clase media mexicana de finales de los sesentas, con su doble moral y otras enormes contradicciones.

El texto que le da título al libro, es una crónica muy sabrosa del estreno en México de King Creole, la peli de Elvis. Y sobre todo, del desmadre, la rivalidad entre pandillas, los prejuicios machistas que aún entre los "alivianados" persistían y persisten, así como el rocanrol y el delirio que El Rey es capaz de provocar. Al final viene un epílogo de José Agustín que no hay que perderse, así que a leer... ¡y a bailar!

Bueno como decía, todos le tienen mala fe a Elvis, como dicen que dijo que prefería besar a tres negras que a una mexicana, uy, pues todo eso influyó y pues nada más es por coraje, porque Elvis, aunque no les guste, es un chingón y punto. Canta a toda madre, baila a todo dar, y por algo es el Rey del Rocanrol, y pues los grandes ya caducaron. Que Gardel era divino y que Pedro Vargas también y que Jorge Negrete y que Pedro Infante y que Nicolás Urcelay canta precioso y que las canciones de borrachos y putas de Agustín Lara, ay sí tú… Digo, vale madre, yo me digo: ¿Cómo les van a gustar las canciones de Elvis? ¿Cómo las van a entender? ¿Cómo les va a gustar “Hound Dog”, “All Shook Up”, “King Creole”, “Hard Headed Woman”, “Are You Lonesome Tonight”, “Fever”, “One Night”, “Blue Suede Shoes”, “Treat Me Nice”? Que música de locos y todo eso. Digo, digo, a uno le da un poco de coraje todo esto, aunque pues me vale madres. Y pues, como dice mi hermana, hay que vivir la vida. Si a mi papá le gusta esa de estoy-en-el-rincón-de-una-cantina… pues no me interesa, digo-que-me-vale-madres.

Bueno, pues yo decía que fui a ver King Creole, y que aquello había sido un maldito relajo, un verdadero destrampe. En parte yo me sentía un poco no sé cómo, pero me sentía un poco mal. Mi novia Lulú me había rogado como desesperada que la llevara al cine. Ama a Elvis. Que se moría de las ganas de verlo, que no seas así, que nada más te gusta divertirte solo y andar con tus amigos, mamá me dio permiso de ir contigo y con mi hermana; cómo me choca que las mujeres quieran hacer su santa voluntad, bueno, pero no me importa, digo, ya saben cómo son las mujeres, y Lulú diciéndome que yo no la quería y que parecía que me amargaba la vida y que era mi juguete y esas cosas que le reprochan a uno las mujeres y yo mira gorda que te adoro, comprende las circunstancias, ya quedé con mis amigos y eso, y ella: prefieres andar con tus amigos, y yo: gordita chula, te quiero mucho, bien lo sabes pero no te llevo, imposible. Y bueno, para no prolongarla, nos enojamos.

Es que yo sé qué clase de viejas van a ver las películas del Rey Presley, puras de la danza moderna y guerreras y pues preferí que nos enojáramos a llevarla. Digo todo esto porque al Gordo le sucedió una cosa bien chistosa. Cuando llegamos al movies y uno de nosotros se formó en la cola para lo que se forma uno en la cola de un cine, el Gordo vio entre la cola a su novia. Y que se encabrona el Gordo y los cachetes se le pusieron rojos del coraje y de pena. Y claro, tenía razón. Y fue a donde estaba su gorda y le dijo:

-No entres… vete a tu casa.

Su gorda prefirió a Elvis.

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Descarga el libro completo aquí

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