martes, 12 de febrero de 2013

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(29 años sin Julio)



No me dejes solo frente a ti,
no me liberes a la desnuda noche,
a la luna filosa de las encrucijadas,
a no ser más que estos labios que te beben.
Quiero ir a ti desde ti misma
con ese movimiento que fustiga tu cuerpo,
lo tiende bajo el viento como un velamen negro.
Quiero llegar a ti desde ti misma,
mirándote desde tus ojos,
besándote con tu boca que me besa.

No puede ser que seamos dos, no puede ser
que seamos
dos.

Julio Cortázar

de Último Round
Editorial Siglo XXI

martes, 29 de enero de 2013

Explicación del médico

 

Yo habría querido incubar una verdadera pasión. Digamos, por el ajedrez o la baraja; o, más solitariamente, por ilustrar a los grandes maestros griegos con la sabiduría de los refranes populares. Una gran pasión inútil, como las de verdad. En cambio me aficioné por la medicina.

 

Esto sucedió hace mucho tiempo y de manera casi imperceptible. Entonces vislumbraba yo apenas que la mediocridad de una profesión cualquiera podía suplir, con la lentísima, espesa lava de su seguridad, cualquier vicio, y especialmente los del entusiasmo. Abandoné, pues, la pasión y me dediqué a cultivar el oficio. Nunca fui perezoso en materia de clasificaciones y análisis, y mucho menos en la difícil higiene, así que aprendí con facilidad el arte meticuloso de la vacunación, el cual ejercí durante una época con cierta agilidad y algún desapego. Ahora, sin embargo, apenas puedo disimular el impulso que me mueve a hacer la señal de la cruz cada vez que presencio -ay, con terror- una vacuna.

 

Cualquiera que sea el motivo que me lleva a reaccionar de esta manera tan extraña, es seguro que tiene, en el fondo, una razón ultra moderna: la sustitución, en la preparación de las vacunas, de los viejos nobles basilos por los virus modernísimos. Me explicaré.

 

Como cualquier actividad de la que se puede sacar provecho convirtiéndola en oficio, la vacunación tiene algunas reglas simples y esenciales que se siguen del siguiente modo: el médico debe comprobar la esterilidad y el funcionamiento de sus pocos utensilios y disponerlos todos de una sola vez, de manera que los tenga a mano en todo momento y pueda recurrir a ellos sin tardanza en caso de urgencia. Luego procede así: limpia con un algodón empapado en alcohol la zona de la incisión y pellizca un poco la piel allí donde habrá de incidir la aguja. Entonces todo está listo para la inoculación del bacilo, o del virus.

 

Esto en lo que se refiere a la vacunación propiamente dicha, porque la obtención de la vacuna, modernamente, es algo muchísimo más complicado. Primero hay que “cazar” al virus y mantenerlo en su estado o medio natural mientras no se le inocule. Es preciso acondicionar una parte del laboratorio como zoológico donde se pueda alimentar a tal espécimen y donde quede asegurada su conservación y aun su reproducción (ya que ésta debe ser contemplada como una más de sus condiciones naturales). Pues bien, estos es lo más complicado de todo, y lo que más desacuerdos y polémicas suscita, ya que lso médicos no han logrado ponerse de acuerdo sobre qué cosa sea ese “estado natural” del virus ni sobre cuál sea su verdadera condición; es decir: no han logrado coincidir respecto del lugar que este extraño personaje ocupa en la escala evolutiva.

 

Una cosa es segura: un virus puede “producir” otro virus, aunque no sabemos si a este fenómeno se le puede llamar con propiedad “reproducción”. Parece claro, sin embargo, que las funciones del virus son harto elementales y hasta parece probable que se reduzcan a una sola: morder a una célula y levantar de sus ruinas un nuevo virus.

 

El resto de la biología de este ser (si es cierto que es un ser y que tiene, por lo tanto, una biología) raya con las especulaciones metafísicas. No sabemos qué cosas le son imprescindibles para vivir; ni siquiera si existe alguna que le sea verdaderamente necesaria. Tampoco sabemos cómo se ha producido ni si será posible verlo desaparecer algún día.

 

Todo esto, como llevo dicho, es un misterio. A tal grado que los médicos y los biólogos no sabemos ya a qué atenernos. Algunos investigadores lo colocan en la cima de la escala evolutiva; otros, en el primer escalón. Pero que entre estas dos opiniones media la escala evolutiva entera no es tan grave como el hecho de que ambas clasificaciones esgriman exactamente el mismo argumento para razonar cosas tan dispares. De esta manera, el virus es la coronación o la ruina de la evolución exactamente por la misma causa. Como el amor de Dios, el virus es gratuito por el mismo motivo que lo hace necesario.

 

En resumidas cuentas, no sabemos si sus necesidades y sus funciones se han ido reduciendo progresivamente hasta lograr ese prodigio de economía o si, de plano, no tiene ni unas ni otras y ni siquiera ha dado el primer paso en el largo camino evolutivo. Todo este misterio puede resumirse en la siguiente afirmación, tan clara como tremenda: no sabemos si los virus están vivos o muertos. Y aunque podemos afirmar con seguirdad que su mordedura produce un nuevo ser a su imagen y semejanza, el método experimental no nos permite descifrar los misterios inicial y final de este monstruo microscópico.

 

Si bien es cierto que toda esta ignorancia científica me desarma y me vuelve incapaz de inocular en el interior de una persona una incógnita de tanta fuerza, ello no basta para justificar mi terror ni el temblor de automático que lleva a mis dedos a cruzarse en santa señal como si estuvieran delante del Mal mismo. La razón que doy a mi terror es ésta: en un ser tan estrechamente reducido a una sola y única cualidad (no estar vivo ni muerto) y a una sola y única actividad (morder y producir otro ser idéntico a él), cualquier semejanza resuelve, necesariamente, en una identidad. Así, si somos capaces de encontrar otro ser elemental con estas cualidades, podremos estar seguros de que tal nuevo ser no es sino el mismo idéntico virus. Y todos sabemos que ese ser elemental es el vampiro.



Tomado del libro
CONFERENCIA DE VAMPIROS, Las sombras dan su fe.
Francisco Segovia, ilustrado por Othón Téllez
Ediciones Casa Juan Pablos y Ediciones Sin Nombre
México DF, Febrero 2000

lunes, 9 de julio de 2012

Manifiesto Mexicano


Bolaño está de moda, sí. A mí me gusta decir que está sobrevalorado y ya escucho cómo me están mentando la madre. Con justa razón, porque a veces releo los Detectives y sé que basta una frase para cerrarnos el hocico a todos. Otras veces, aparece un cuentito como éste y es imposible no sentir su rostro asomándose en el nuestro. A medida que avanzan las páginas nuestra boca adopta esa misma sonrisa triste, sentimos la urgencia de fumar un cigarrillo y nuestros ojos se quedan quietos, como rozando alguna niebla; sí, ya saben cómo.


viernes, 29 de junio de 2012

Relaciones Peligrosas


La música, la mujer y el alcohol. Parece que Eusebio Ruvalcaba no quiere hablar de otras cosas y qué bueno, porque lo hace bien. Aquí les dejo un texto extraído de Una cerveza de nombre Derrota. Léanlo, no hay nada más que decir:


jueves, 28 de junio de 2012

Manual de Literatura para Punks




A Kiko Amat lo conocí por ese librazo llamado Cosas que hacen BUM. Desde un principio me sorprendió su fresca irreverencia, su prosa divertida y sin freno. Sobre todo, la forma en que volvía tan cercanos a esos personajes ligeramente transtornados, ambiguos entre la adolescencia más cotidiana, tierna, y una subversión cabrona y clandestina. Todo esto aderezado con referencias a verdaderas joyas musicales setenteras. En fin, un librazo, ya lo dije.

Y como escanear todo el libro me llevaría un par de años de los cuales no dispongo, les traigo a cambio su famoso Manual de Literatura para Punks. Según tengo entendido este Manual fue publicado hace unos tres años para el fanzine La Escuela Moderna y ha sido utilizado por Kiko en un par de talleres literarios en Barcelona. No lo sé bien. Yo lo extraigo de la antología que recién publicó la revista Generación sobre la Contracultura en México, llamada La Cresta de la Ola, muy buena también por cierto.

A primera vista, este dichoso manual es una simple lista de consejos como los que daría cualquier otro escritor. En efecto, de eso se trata. Lo interesante es corroborar cómo el mismo Manual es un perfecto ejemplo de cada uno de los 17 puntos que Kiko Amat nos propone para crear literatura, literatura con cojones como él dice.

miércoles, 27 de junio de 2012

La hora de los cansados


Este español es un corte fino. Se llama Enrique Vila-Matas y es muy popular entre las generaciones jóvenes. Yo confieso haber leído apenas un libro y alguien debería colgarme por eso. El libro se llama "Suicidios Ejemplares" y, según el mismo autor barcelonés, es un intento de crear una suerte de cartografía de los suicidas, un mapa en donde la vida sea apenas una mancha sobre el papel, un error de ruta, algo que corregir con la dulzura de las palabras exactas para no volvernos a equivocar de camino. Les dejo aquí uno de los relatos que lo componen:

La hora de los cansados


Enrique Vila-Matas
Suicidios ejemplares
Editorial Anagrama
Barcelona, 2000

viernes, 22 de junio de 2012

Ida y vuelta



Has cruzado despacio la ciudad.
Por una vez, tú no vas a trabajar,
ni a comprar una medicina,
ni a entregar una carta:
has salido a la calle para estar en la noche.

Tienes suerte esta vez,
has sabido, esta vez, que se puede vivir
y sentir reunidas tu existencia y la noche,
y que es justo y es bello y es real respirar
en esta libertad oscura hasta las estrellas.

Y, de pronto,
has pensado en tu especie y en tu privación
y en que, todos los días de la vida,
los que no aman la noche nos ocultan
esta paz que hay entre nosotros y las cosas del mundo.

Es entonces
cuando, más que en la noche, tú vives en la cólera
y en el amor también. Y te detienes.

Desandas la ciudad  y te reúnes
a otra profundidad también oscura.

Antonio Gamoneda
Atravesando olvido (1947-2002)
Editorial Aldus
Primera Edición, 2004. México, DF.





viernes, 18 de mayo de 2012

Historia con Monstruos




Un día alguien me prestó un libro y olvidó pedirlo de vuelta. En ese libro venía este cuento y este cuento lo leí mil veces hasta que, otro día, no pude evitar regalar el libro a alguien más esperando que, como yo, leyera ese cuento hasta cansarse. A veces me gusta pensar que es un libro vagabundo, que gusta viajar de mano en mano, de librero en librero, buscando a ese último lector que por fin decida prenderle fuego.

Ayer, otro ejemplar idéntico cayó en mis manos y pasé toda la noche transcribiendo el cuento que tanto me había fascinado: Historia con Monstruos. El autor es Rodrigo Fresán, un argentino al que no he dejado de leer desde entonces, aun cuando la mayoría de sus libros son realmente difíciles de conseguir aquí en el D.F. Les resumo un poco la historia: Stanley Kubrick y la Ciencia Ficción, Susan Cabot y el Cine B, Diane Arbus y sus fotografías de "gente especial" y fenómenos de circo, ambulancias con fondo musical de los Violent Femmes...; y uno no puede dejar de preguntarse quién chingados se cree este argentino para escribir un cuento tan jodidamente bueno a partir de retazos de otras historias. Un texto, en verdad, fuera de quicio.

Bájenlo de acá:


HISTORIA CON MONSTRUOS RODRIGO FRESÁN ALMANAQUE: INVASORES DE MARTE (Antología) Editorial Mondadori 2000